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Archivo de la etiqueta: Richard Sennett

Habla Richard Sennett en su libro “El Artesano”  sobre la lección de la fuerza mínima, por la que la mano del cocinero experto debe tener tan en cuenta la presión que ejerce sobre el cuchillo como el momento para dejar de hacerlo.

El cuchillo y el resto de tecnologías tienen mucho que ver en nuestras cualidades actuales como seres humanos, convirtiéndose a la vez en herramienta y peligro potencial. Paradójicamente, para tener un control efectivo sobre las consecuencias de su uso y dejar de chirriar contra la corriente de lo que nos rodea, parece inevitable hacer un esfuerzo por soltar, por dejarnos llevar por su flujo para sentir y comprender en profundidad sus claves, y evitar convertirnos en la silla de la nave de Jodie Foster en la película “Contact”.

Wang Shu, Premio Prizker 2012, trabaja en esta línea, buscando dotar a sus obras de una frecuencia vital que las permita vibrar en armonía con su entorno. Y lo intenta con acciones que sentimos muy cerca en “interurbano“, como la utilización de materiales naturales, reutilizados o reciclados, o la introducción de las pistas que da la arquitectura vernácula para la convivencia pacífica con la naturaleza, o el uso de criterios bioclimáticos, o la participación de la ciudadanía en decisiones de proyecto, o en la elección del nombre de su estudio, “amateur”, que deja entrever la perspectiva del que sabe que siempre tendrá algo que aprender.

Otro ejemplo similar y cercano –ha sido uno de los jurados que han otorgado el premio a Wang Shu- es Alejandro Aravena y su estudio “elemental”, que también habla de soltar en obras como las viviendas de Quinta Monroy, permitiendo acceder a la definición del proyecto a la fuerza natural y caótica que somos los humanos que vivimos en ellas.

Incluso un estudio como el de los hermanos Aires Mateus, en el que prima un alto nivel de control sobre el proyecto por encima de cualquier criterio de sostenibilidad, explicaba el mes pasado en la escuela del ie en Segovia que se están empezando a soltar introduciendo poco a poco la variable imprevisible del paso del tiempo, del envejecimiento de los materiales naturales, de la omnipresente entropía. Un pequeño paso para el hombre…

Y fuera de la pequeña isla de la arquitectura… de soltar habla Gene Sharp, ese filósofo que desde su oficina ha sabido crear armas no violentas capaces de derribar colosos que no quieren soltar… de soltar habla el viento… de soltar habla la intuición, que tan bien retrata Punset en sus programas… de soltar me habla un amigo lelo y dilentante… de soltar hablan los sueños… de soltar no siempre habla la arquitectura moderna, tan obsesionada con el control hasta el último detalle de su engañoso menos es más… de soltar habla puntogordo… de soltar habla Zigmunt Bauman y las fronteras que se desparraman entre los dedos de la modernidad líquida… de soltar habla José Manuel Naredo, con su economía para todos… de soltar habla el mismísimo Ferrán Adriá cuando vuelca su conocimiento para revolucionar la cocina… de soltar habla Creative Commons… de soltar habla el nuevo mundo de Internet y las T.I.C… de soltar habla Gurdjieff y Naranjo, con su psicología de los eneatipos… de soltar habla la entropía… de soltar y de la imposibilidad de controlarlo todo cantó Aaron Thomas el viernes pasado en el Conde Duque… de soltar habla Matthieu Ricard, ese nexo tan curioso entre espiritualidad y ciencia, entre budismo y genética molecular, que nos demuestra en cada aparición que la felicidad se puede trabajar… soltando…

Posted by… Raúl Alonso Estébanez

Hace dos noches me encontré con la sorpresa de una asamblea de unas 50 ó 60 personas en una plaza cercana a mi casa.

Lo que vi en la plaza me hizo recordar algo que he oído en estos días sobre cómo desmantelar la iniciativa aparecida en Sol sin que se convierta en un nuevo movimiento soufflé.

Se habla de lucha pacífica contra “el sistema”, contra los banqueros, contra los políticos corruptos … Olvidar que tanto los inventores de ese sistema como sus dueños actuales son personas como nosotros, y que no pocos haríamos lo mismo en su situación, puede ser un error grave. Personalmente no creo que se trate de una lucha, sino de un proceso de comprensión. Es absurdo luchar contra uno mismo. Zygmunt Bauman en el acto de entrega de los últimos Premios Príncipe de Asturias, inspirado en el Quijote, recordó que “la única cosa que nos queda frente a esa ineludible derrota que se llama vida es intentar comprenderla”. Si eso es cierto, lo coherente sería comprobar -no forzar- si ese movimiento es capaz de sobrevivir con la misma naturalidad con que ha nacido y crecido, y aprender de paso algo sobre nosotros mismos, como individuos y como grupo.

Las leyes de la termodinámica nos dicen que una máquina de movimiento perpetuo no sobrevivirá sin aporte energético alguno, pero sí es cierto que las que más se acercan, las que mejor sobreviven adaptándose entrópicamente a los procesos vitales que no acabamos de entender, son capaces de funcionar mucho tiempo con muy poco.

La situación actual del movimiento 15M podría ajustarse como un guante a este escenario. Si pretende sobrevivir, debe ser capaz de adaptarse y renovarse minimizando la necesidad de aportes manipuladores externos, prolongándose en el tiempo para permitir reflexionar con profundidad y llegar a conclusiones libres de ímpetus pasajeros y decisiones precipitadas, pudiendo llegar a interiorizarse como una nueva costumbre de diálogo, generadora de propuestas verdaderamente públicas y legítimas. Posteriormente se presentarían ante los poderes públicos -reflejo de nosotros mismos-, con una carga social tan abrumadora que haría muy difícil poder pasarlas por alto.

Alguien puede decir que de ideales no se vive, que es  necesario realizar propuestas concretas y realizables. Pues aquí hay una, que no parece tan utópica si la comparamos con otra costumbre social creadora de opiniones y actitudes, con un poso evolucionado con calma durante mucho tiempo y en muchos lugares: ir al templo cada semana. Eliminando de la ecuación su vertiente proselitista, religiosa y normativa, su supervivencia y capacidad de expansión están fuera de toda duda, y las similitudes no serían pocas –es una costumbre que se crea en un momento dado, asumida como normal y basada en una voluntariedad, fundamentada a su vez en unas creencias-.

Imaginemos entonces que cada viernes por la tarde, -o el sábado, o el domingo, o uno de cada mes…-, momento en que seguimos activos a la vez que relajados, se convierte en costumbre, por repetición durante cierto tiempo, sentarse en la plaza más cercana para hablar o escuchar sobre las cuestiones que nos gustaría cambiar o mantener.

Supongamos también que desde otro Ágora, en este caso virtual -esta es una de las posibilidades que nos ha dado el 15M-, libre de sospecha de manipulaciones, se aporta ese mínimo de energía periódica en forma de voluntarios apuntados para iniciar las asambleas en cada plaza –nada pasa si nada pasa, según Jahn Gehl-, responsabilizándose de ir y levantar acta de lo que en ellas se diga y de volcar la información al sitio virtual común, que deberá ser el encargado de ordenar la información –sí, esta pequeña burocracia es difícil de evitar, pero si puede la Wikipedia, por qué no la Plazipedia- y encontrar las proposiciones más representativas que serán planteadas a los poderes públicos.

Quién sabe si funcionaría, pero supongo que se trata de eso, de probar, de pensar haciendo, como dice Richard Sennett, y las condiciones de hoy son perfectas para hacerlo. Sería una encuesta amplia y profunda, y la vida volvería a calles y plazas, hoy espacios de paso,  condición indispensable en un futuro inevitablemente urbano si como especie pretendemos, como dice Georgescu-Roegen, tener una vida larga y serena y no corta y luminosa.

Posted by: Raúl Alonso Estébanez

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