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Archivo de la etiqueta: Georgescu-Roegen

Hace dos noches me encontré con la sorpresa de una asamblea de unas 50 ó 60 personas en una plaza cercana a mi casa.

Lo que vi en la plaza me hizo recordar algo que he oído en estos días sobre cómo desmantelar la iniciativa aparecida en Sol sin que se convierta en un nuevo movimiento soufflé.

Se habla de lucha pacífica contra “el sistema”, contra los banqueros, contra los políticos corruptos … Olvidar que tanto los inventores de ese sistema como sus dueños actuales son personas como nosotros, y que no pocos haríamos lo mismo en su situación, puede ser un error grave. Personalmente no creo que se trate de una lucha, sino de un proceso de comprensión. Es absurdo luchar contra uno mismo. Zygmunt Bauman en el acto de entrega de los últimos Premios Príncipe de Asturias, inspirado en el Quijote, recordó que “la única cosa que nos queda frente a esa ineludible derrota que se llama vida es intentar comprenderla”. Si eso es cierto, lo coherente sería comprobar -no forzar- si ese movimiento es capaz de sobrevivir con la misma naturalidad con que ha nacido y crecido, y aprender de paso algo sobre nosotros mismos, como individuos y como grupo.

Las leyes de la termodinámica nos dicen que una máquina de movimiento perpetuo no sobrevivirá sin aporte energético alguno, pero sí es cierto que las que más se acercan, las que mejor sobreviven adaptándose entrópicamente a los procesos vitales que no acabamos de entender, son capaces de funcionar mucho tiempo con muy poco.

La situación actual del movimiento 15M podría ajustarse como un guante a este escenario. Si pretende sobrevivir, debe ser capaz de adaptarse y renovarse minimizando la necesidad de aportes manipuladores externos, prolongándose en el tiempo para permitir reflexionar con profundidad y llegar a conclusiones libres de ímpetus pasajeros y decisiones precipitadas, pudiendo llegar a interiorizarse como una nueva costumbre de diálogo, generadora de propuestas verdaderamente públicas y legítimas. Posteriormente se presentarían ante los poderes públicos -reflejo de nosotros mismos-, con una carga social tan abrumadora que haría muy difícil poder pasarlas por alto.

Alguien puede decir que de ideales no se vive, que es  necesario realizar propuestas concretas y realizables. Pues aquí hay una, que no parece tan utópica si la comparamos con otra costumbre social creadora de opiniones y actitudes, con un poso evolucionado con calma durante mucho tiempo y en muchos lugares: ir al templo cada semana. Eliminando de la ecuación su vertiente proselitista, religiosa y normativa, su supervivencia y capacidad de expansión están fuera de toda duda, y las similitudes no serían pocas –es una costumbre que se crea en un momento dado, asumida como normal y basada en una voluntariedad, fundamentada a su vez en unas creencias-.

Imaginemos entonces que cada viernes por la tarde, -o el sábado, o el domingo, o uno de cada mes…-, momento en que seguimos activos a la vez que relajados, se convierte en costumbre, por repetición durante cierto tiempo, sentarse en la plaza más cercana para hablar o escuchar sobre las cuestiones que nos gustaría cambiar o mantener.

Supongamos también que desde otro Ágora, en este caso virtual -esta es una de las posibilidades que nos ha dado el 15M-, libre de sospecha de manipulaciones, se aporta ese mínimo de energía periódica en forma de voluntarios apuntados para iniciar las asambleas en cada plaza –nada pasa si nada pasa, según Jahn Gehl-, responsabilizándose de ir y levantar acta de lo que en ellas se diga y de volcar la información al sitio virtual común, que deberá ser el encargado de ordenar la información –sí, esta pequeña burocracia es difícil de evitar, pero si puede la Wikipedia, por qué no la Plazipedia- y encontrar las proposiciones más representativas que serán planteadas a los poderes públicos.

Quién sabe si funcionaría, pero supongo que se trata de eso, de probar, de pensar haciendo, como dice Richard Sennett, y las condiciones de hoy son perfectas para hacerlo. Sería una encuesta amplia y profunda, y la vida volvería a calles y plazas, hoy espacios de paso,  condición indispensable en un futuro inevitablemente urbano si como especie pretendemos, como dice Georgescu-Roegen, tener una vida larga y serena y no corta y luminosa.

Posted by: Raúl Alonso Estébanez

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