Un arquitecto en una favela

Un arquitecto en una favela

Un arquitecto en una favela

Hace más de un año que ganamos el Renova SP en el área de Cordeiro I, y hace más de medio que llegué a São Paulo por primera vez, tiempo suficiente para un primer análisis de cómo hemos evolucionado.

Desde el principio entendimos que un proyecto como este necesitaba ser planteado minuciosamente, casa por casa, como una guerra de guerrillas, y para eso necesitábamos estar en el área, algo difícil desde Madrid. La solución llegó de la mano Ronaldo Auletta, y su reportaje fotográfico del barrio, que nos permitió darnos un paseo por Vilaclara a 10.000 km de distancia. Con esas herramientas comenzamos a trabajar, y con ellas ganamos el concurso, pero con la evolución del proyecto, las visitas analógicas del área y el intercambio de información con otros colegas que trabajan en otras zonas, la perspectiva ha ido cambiando algunos puntosgordos, y manteniendo otros, abriendo nuevos caminos y nuevas dudas.

De los que siguen, podría hablar de los relacionados con el agua –la que llega y la que se va- muy relacionada con la difícil orografía, que nos empuja a proponer la nueva estructura urbana con pendientes aptas para peatones y bicicletas, o los relacionados con el del reconocimiento de lo existente, -recursos, cultura, etc.-.
De los que cambian… el caso de la estructura urbana es paradigmático. En mi idea de ciudad humana, acogedora, y al fin y al cabo, sostenible, había, creyendo lo contrario, una buena carga de etnocentrismo, dando por hecho que cuestiones como la anchura mínima admisible de una calle para que tenga luz y ventilación suficientes, o para que el peatón y la bici puedan convivir eran puntosgordos troncales en los que no importaba demasiado la cultura del lugar.

Siempre me pareció claro que sin esas condiciones de partida, una ciudad, en general, no podría sobrevivir como modelo de sostenibilidad. Pero con una actuación de ese tipo en un espacio físico como el de una favela, en el que las calles –vielas- a duras penas llegan a metro y medio de anchura, ese espacio dejaría de ser lo que es, para ser otra cosa, no sé si mejor o peor, pero otra cosa, y eso se debe valorar.

Una favela es algo tan extremo que resulta también extremadamente interesante caminar por ella, entender cómo funciona una ciudad sin reglas escritas, que cambia cada día, como un organismo urbano vivo. Encontrar el equilibrio entre unas reglas que se antojan necesarias para poner cierto orden al caos, sin eliminar la cierta vida que ese caos tiene sería una buena solución, acaso la de la cuadratura del círculo…

Pero esa es sólo una de las perspectivas desde la que mirar la cuestión. Desde una mirada a mayor escala, las favelas de las 22 zonas del Renova SP forman parte de un ecosistema unitario, y se deben tomar en consideración las cuestiones que se consideren necesarias para ella como conjunto. De nuevo, la cuadratura del círculo de la sostenibilidad urbana resulta de conseguir unificar esas escalas, de servir de nexo entre el individuo y la sociedad a la que pertenece (para eso dice Wright Mills que sirve la imaginación sociológica, nosotros ponemos también la arquitectura su servicio).

Ilustremos el problema con un ejemplo. La ciudad de São Paulo tiene, a mi modo de ver, un déficit importante de zonas verdes urbanas de calidad. Teniendo en cuenta que por su estructura menos consolidada, las favelas son lugares en que se puede conseguir ese espacio con un esfuerzo menos titánico que otros, ¿sería asumible eliminar completamente, o en un porcentaje alto, alguna de ellas para conseguir esos espacios para el resto de la ciudad, o por el contrario, debe primar un esfuerzo por mantener las condiciones culturales de vida de sus habitantes, introduciendo esas regularizaciones de las que hablaba antes?… yo a estas alturas no lo sé, y echo de menos una coordinación mayor a ese nivel por parte de la Prefeitura entre las 22 zonas después del fallo del concurso. No queda otra que tomar una decisión basada en la mayor cantidad y calidad de datos, por no hablar de la intuición, y que la experiencia se sume a otras para comprender mejor como atacar la cuestión en el futuro.

Nosotros hemos optado por la segunda, y para llevarla a cabo, la opinión de los vecinos desde el inicio del proyecto es fundamental. El proceso de participación ciudadana que llevamos tiempo demandando de la Prefeitura se ha retrasado tanto que finalmente hemos hecho nosotros nuestra propia propuesta, Renovando Vilaclara, que por ahora no ha conseguido ponerse en marcha. El mes pasado, después de tanta espara, comenzó el exiguo programa de participación de la Prefeitura con el primer contacto entre ella y los vecinos de la favela Tanquinho, una de las 6 que se encuentran en nuestro área, a la que pudimos asistir como público bajo la promesa de no participar, y este sábado, día 8, tenemos la segunda, en la que ya podremos dialogar con los moradores como estudio redactor del proyecto. Para que el proceso fuera completo, la opinión del resto de la ciudad sería muy conveniente, pero eso por ahora es mucho pedir.

Raúl Alonso Estébanez.

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1 comentario
  1. Verónica Benítez dijo:

    Me parece muy interesante tu reflexión Raul. Desde luego no debe ser nada fácil empezar a modificar toda una favela, o parte de ella. Pero bueno, lo importante es pasito a pasito ir haciendo camino! Suerte!!

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