Puntogordo

ENTROPIA

Se habla mucho de que vivimos momentos de incertidumbre, desequilibrios, miedos, posibilidades y esperanzas. Todos parecemos saber que algo debe cambiar, lo que no parece tan obvio es qué y cómo.

Sí parece claro que la concentración de los esfuerzos en la satisfacción individual de las necesidades materiales no ha sido capaz de generar un sistema equilibrado a nivel global. Puede que sea el momento de repensar los orígenes de la situación y mirar con nueva perspectiva.

Si admitimos que Adam Smith buscaba claves para la mejora de las condiciones de vida de  una sociedad en expansión y no una maquiavélica manipulación, se comprende que no debió de ser fácil imaginar que su posterior éxito y la evolución hacia la supremacía de la economía financiera, hicieran que la mano invisible no fuera ya capaz equilibrar los descompensados egoísmos individuales.

La empatía comparte con el egoísmo de mercado la filosofía de que el bienestar de cada individuo es el foco creador del equilibrio del conjunto, pero desde una perspectiva diferente y compleja, entendiendo que el bienestar profundo del otro ayuda a generar el propio. Se basa en la comprensión de las diferentes verdades individuales, desde la máxima científica de que lo que percibimos está mediado, cuando menos por los sentidos, imposibilitando la posesión de certeza alguna. Si admitimos que las verdades exactas y absolutas no existen, la creación de zonas de encuentro en las que poder dialogar y llegar a acuerdos se vuelven imprescindibles. Para conseguirlo será necesario engordar los puntos de intersección de las diferentes líneas de pensamiento y aumentar la empatía de sus visiones.

 La inexacta precisión del concepto de entropía viaja en la misma dirección. En su orden desordenado duermen las claves de la eficiencia de los procesos naturales, que fluyen con una sencillez y autonomía que la economía moderna sólo pudo imaginar dentro de una realidad abstracta sin los fallos que hoy la desestabilizan.

 En paralelo al discurrir económico, la revolución arquitectónica del movimiento moderno también buscaba la mejora de las condiciones de vida de las personas, y tampoco le fue fácil prever sus consecuencias. No parece hoy razonable seguir utilizando los argumentos de devoradoras economías e ideales arquitectónicos cuyo principal objetivo es conseguir “más”. ¿Pero más, qué?

 Estructuras naturales como fractales y telas de araña o construcciones humanas sencillas como las que sostienen tomateras y vides en los campos, arquitectónicamente evocadoras, entrópicas y altamente eficientes, reclaman un tiempo para repensar la idoneidad del esfuerzo titánico en recursos de todo tipo para conseguir la excelencia arquitectónica actual, heredera del movimiento moderno.

Parece, hoy más que nunca, que menos no será más, a menos que sea con menos.

[imágenes extraídas respectivamente de: elpais.com, huellaszen.blogspot.com, cicleaudicions.wordpress.com,manualdecriticadelaarquitectura.blogspot.com, divulgauned.es]

Posted by:    Raúl Alonso Estébanez

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s